EL VIAJE POSTERGADO
Alicia entra empapada; la puerta se cierra con estruendo azotada por la corriente de aire.
—Te has hecho sopa. —observa Juan— ¡Quítate esa ropa! Si te enfermas, perderemos el…
—El quiosquero no tenía el diario —interrumpe Alicia mientras sacude el agua del bolso de plástico que utilizó como paraguas— fui al de la avenida, cuando llegué…, se había ido. Al volver, se largó con todo la lluvia –le alcanza una revista que extrae del bolso— me la encargó Luis.
Juan la hojea.
— ¿Esto lee? Ni horóscopo trae, sólo computación. ¡Y vale veinte pesos!, ni cincuenta centavos pagaría yo…
—Deja de rezongar —dice la mujer, ajustándose el cinturón de la bata con el que reemplaza a su mojada ropa— mejor veamos esa película que tanto querías ver, ya es la hora.
—Espero que tenga sexo- chancea Juan mientras enciende el televisor.
Alicia con pantuflas, trae bajo el brazo el termo y en sus manos el mate y los otros trebejos para la cebadura.
De pronto, el televisor se pone gris y mudo.
— ¡La gran puta! —exclama— Ni tele vamos a tener. ¿Cuándo será que al caer cuatro gotas locas, no se nos corte la corriente?
—Escuchemos la radio, la música nos ayudará a tranquilizarnos —indica la mujer y trae una radio portátil— cantan los Beatles —aclara— ¿recuerdas cuando nos conocimos?
— ¡Shh!, escucha, es el motor de la moto de Luis –dice Juan ahuecando la mano sobre su oreja.
— ¡Ya llegué! —El grito jubiloso de Luis lo confirma.
—Llegaste a la casa de tu vida. —ironiza Juan.
Luis, El recién llegado, es un joven de menos de veinte años, entra diciendo
— Hola viejo, ¿qué hay de nuevo? —Se saca el casco de motociclista, mientras exclama risueño, en medio de un charco de agua formado de sus mojadas ropas— ¿Qué pasa? La hora que es y ni hay olor de comida —da un beso a la abuela y al hombre lo palmea.
—Deberías buscar trabajo, si tanto hambre traes; lee las páginas amarillas, necesitas algún empleo porque yo no puedo seguir manteniendo tu tren de farras —le amonesta Juan.
—No hagas caso —intervino Alicia— Tu revista. Vaya nombre “KazaA”. ¿Qué significa?
—Te has hecho sopa. —observa Juan— ¡Quítate esa ropa! Si te enfermas, perderemos el…
—El quiosquero no tenía el diario —interrumpe Alicia mientras sacude el agua del bolso de plástico que utilizó como paraguas— fui al de la avenida, cuando llegué…, se había ido. Al volver, se largó con todo la lluvia –le alcanza una revista que extrae del bolso— me la encargó Luis.
Juan la hojea.
— ¿Esto lee? Ni horóscopo trae, sólo computación. ¡Y vale veinte pesos!, ni cincuenta centavos pagaría yo…
—Deja de rezongar —dice la mujer, ajustándose el cinturón de la bata con el que reemplaza a su mojada ropa— mejor veamos esa película que tanto querías ver, ya es la hora.
—Espero que tenga sexo- chancea Juan mientras enciende el televisor.
Alicia con pantuflas, trae bajo el brazo el termo y en sus manos el mate y los otros trebejos para la cebadura.
De pronto, el televisor se pone gris y mudo.
— ¡La gran puta! —exclama— Ni tele vamos a tener. ¿Cuándo será que al caer cuatro gotas locas, no se nos corte la corriente?
—Escuchemos la radio, la música nos ayudará a tranquilizarnos —indica la mujer y trae una radio portátil— cantan los Beatles —aclara— ¿recuerdas cuando nos conocimos?
— ¡Shh!, escucha, es el motor de la moto de Luis –dice Juan ahuecando la mano sobre su oreja.
— ¡Ya llegué! —El grito jubiloso de Luis lo confirma.
—Llegaste a la casa de tu vida. —ironiza Juan.
Luis, El recién llegado, es un joven de menos de veinte años, entra diciendo
— Hola viejo, ¿qué hay de nuevo? —Se saca el casco de motociclista, mientras exclama risueño, en medio de un charco de agua formado de sus mojadas ropas— ¿Qué pasa? La hora que es y ni hay olor de comida —da un beso a la abuela y al hombre lo palmea.
—Deberías buscar trabajo, si tanto hambre traes; lee las páginas amarillas, necesitas algún empleo porque yo no puedo seguir manteniendo tu tren de farras —le amonesta Juan.
—No hagas caso —intervino Alicia— Tu revista. Vaya nombre “KazaA”. ¿Qué significa?
— ¡Gracias! Es revista sobre los programas para Internet —contesta Luis mientras la ojea. De improviso exclama — ¡Aceptaron el truco que mandé contra el virus XZP!
— ¿Alguna gripe africana? —ironiza el anciano.
— ¡Déjalo de molestar! —lo regaña la mujer, y dirigiéndose a Luís— Y dime ¿Qué es eso de Xqueseyo?
—Uno baja un programa de Internet a la PC. Cuando lo activas, hace que el virus se reproduzca sin que te des cuenta. —dice Juan adelantándose al joven
—Y cuando te das cuenta te invadió todo destruyendo la información de tu disco duro. —Sigue el chico y agrega alborozado— ¡Abuelos! Con el premio voy a poder acompañarlos.
—Te felicito —dijeron a dúo la pareja
En ese momento revive el televisor, que evita que se le oyera murmurar a Juan — ¡Por la gracia que me hace!, pensé que me libraba de la pequeña peste.
El timbre del teléfono suena tres veces antes de que Juan tomara la bocina.
—Diga —y pone los ojos en blanco mientras presta atención al mensaje. Al ir escuchándolo, su rostro de a poco se transfigura de semidormido a despierto, de pálido a rojo y luego, a
pálido otra vez— ¡Gran Dios! ¡Todo arruinado! —dice y cuelga.
— ¡Vamos! Di ¿que ha pasado? —pregunta Alicia con gesto preocupado
— ¡Déjame sentar! —tembloroso, Juan toma asiento en su butaca, levanta la vista, y como si se diera cuenta en ese momento que no está solo, trabucándose con las palabras, explica — Es tu hija, ¡sí!, porque no creo que sea mía; a los cuarenta y cinco años… ¡Vaya, quién lo diría!
— ¡Vamos! Me tienes sobre ascuas ¡Di por favor qué ha pasado! –suplica Alicia.
—Recuerdas que nos dijo que nos dejaba a Luis, mientras arreglaba su divorcio con el pelmazo de su esposo; bueno, ha resultado que en lugar de eso, nos avisa que ha quedado embarazada. ¡Embarazada! —y cómo para sí agrega— Es ¿que no va aprender nunca?
— ¡Ay querido, que gran noticia!
— ¡Ya!, para ti lo será, pero yo no me olvido la que pasamos cuando lo esperaba a este hijo de Judas que es tu nieto. Casi me echan del trabajo. ¡Qué pérdidas!, ¡qué desmayos!, ¡qué…! Y qué sé yo cuántos inconvenientes! —Pues querido, ya te estás yendo a la compañía a anular el viaje, la nena nos va a necesitar –exclama Elena, persignándose y besando la medalla de su cuello – ¡Gracias Virgencita por escucharme!
— ¡No decía yo! Farfulla Juan moviendo la cabeza– Ya nos quedamos sin el viaje, que tantos desvelos me causó poder conseguirlo. Sólo dan tres por jubilado y por fin lo había logrado. ¡Vaya!, ya decía que no podía ser, tanta buena suerte.
—Vamos, no lo tomes tan a pecho abuelo –interrumpe Luis el monólogo de Juan, aún exultante por el premio– Cuando todo haya pasado, yo les pago el viaje; con lo ganado por el concurso alcanza para que vayamos los tres a disfrutar.
Disimulando su orgullo, el viejo aún rezonga: —Lo único que falta es que el viaje se lo debamos a este inútil.
— ¿Alguna gripe africana? —ironiza el anciano.
— ¡Déjalo de molestar! —lo regaña la mujer, y dirigiéndose a Luís— Y dime ¿Qué es eso de Xqueseyo?
—Uno baja un programa de Internet a la PC. Cuando lo activas, hace que el virus se reproduzca sin que te des cuenta. —dice Juan adelantándose al joven
—Y cuando te das cuenta te invadió todo destruyendo la información de tu disco duro. —Sigue el chico y agrega alborozado— ¡Abuelos! Con el premio voy a poder acompañarlos.
—Te felicito —dijeron a dúo la pareja
En ese momento revive el televisor, que evita que se le oyera murmurar a Juan — ¡Por la gracia que me hace!, pensé que me libraba de la pequeña peste.
El timbre del teléfono suena tres veces antes de que Juan tomara la bocina.
—Diga —y pone los ojos en blanco mientras presta atención al mensaje. Al ir escuchándolo, su rostro de a poco se transfigura de semidormido a despierto, de pálido a rojo y luego, a
pálido otra vez— ¡Gran Dios! ¡Todo arruinado! —dice y cuelga.— ¡Vamos! Di ¿que ha pasado? —pregunta Alicia con gesto preocupado
— ¡Déjame sentar! —tembloroso, Juan toma asiento en su butaca, levanta la vista, y como si se diera cuenta en ese momento que no está solo, trabucándose con las palabras, explica — Es tu hija, ¡sí!, porque no creo que sea mía; a los cuarenta y cinco años… ¡Vaya, quién lo diría!
— ¡Vamos! Me tienes sobre ascuas ¡Di por favor qué ha pasado! –suplica Alicia.
—Recuerdas que nos dijo que nos dejaba a Luis, mientras arreglaba su divorcio con el pelmazo de su esposo; bueno, ha resultado que en lugar de eso, nos avisa que ha quedado embarazada. ¡Embarazada! —y cómo para sí agrega— Es ¿que no va aprender nunca?
— ¡Ay querido, que gran noticia!
— ¡Ya!, para ti lo será, pero yo no me olvido la que pasamos cuando lo esperaba a este hijo de Judas que es tu nieto. Casi me echan del trabajo. ¡Qué pérdidas!, ¡qué desmayos!, ¡qué…! Y qué sé yo cuántos inconvenientes! —Pues querido, ya te estás yendo a la compañía a anular el viaje, la nena nos va a necesitar –exclama Elena, persignándose y besando la medalla de su cuello – ¡Gracias Virgencita por escucharme!
— ¡No decía yo! Farfulla Juan moviendo la cabeza– Ya nos quedamos sin el viaje, que tantos desvelos me causó poder conseguirlo. Sólo dan tres por jubilado y por fin lo había logrado. ¡Vaya!, ya decía que no podía ser, tanta buena suerte.
—Vamos, no lo tomes tan a pecho abuelo –interrumpe Luis el monólogo de Juan, aún exultante por el premio– Cuando todo haya pasado, yo les pago el viaje; con lo ganado por el concurso alcanza para que vayamos los tres a disfrutar.
Disimulando su orgullo, el viejo aún rezonga: —Lo único que falta es que el viaje se lo debamos a este inútil.
Luis Alberto Guiñazú
Ilustración: MALHUMOR cuadro de Edgar Degas










